lunes 29 de agosto de 2011

22- EL MICROSCOPIO DEL AMORRRR: El operativo


Entramos a Buenos Aires después de casi un mes de ausencia. Todo parece distinto desde adentro de una camioneta cargada. Nos distraemos escuchando la radio, pero la calma no termina de asentarse en ningún momento. Ya estamos sobre la avenida Lugones, una de las cuatro calles circundantes de la planta potabilizadora General San Martín. Son las cuatro de la mañana y sólo circulan autos cargados de pendejos que van y vienen de fiestas privadas porque las discotecas están cerradas por la veda electoral. Brenda se come las uñas desde el lugar del acompañante, y en la parte de atrás Ludi y yo nos abrazamos para calmar un miedo que no se va. Nos aproximamos a la planta y Palito se tira a la derecha y va bajando la velocidad para no pasarse de la callecita lateral que nos dará acceso a la vieja usina,  a la puerta abandonada, y finalmente al piletón del agua potable. Apagamos las luces de la camionera, doblamos lentamente, y nos detenemos al lado de la usina. Durante unos minutos nos quedamos en silencio para ver si alguien se acerca del lado interno de la reja. Brenda y Ludi se quedan en el auto, y mientras Palito va bajando las primeras bolsas, yo me acerco al portón con una gran tenaza en la mano. El corazón me palpita tan fuerte que siento que la sangre ensordece mis oídos. Miro para todos lados y no veo a nadie, así que apoyo la punta de la tenaza sobre el candado que mantiene cerrada la vieja puerta. Lo corto en un sólo golpe seco. La dejo lo suficiente abierta como para que pase una persona y me acerco nuevamente al auto.     

El Flaco tira la tenaza en el asiento de atrás y yo me monto una bolsa sobre el hombro y me meto adentro de la Planta. Uno, dos, tres, seis, ocho, once, catorce pasos y ya estoy parado frente al último de los piletones. Parece que no hay nadie, tal vez sea porque le dieron franco a algunos de los empleados de seguridad por las elecciones. No sé. Con  mucho cuidado de no hacer ruido vierto el contenido de la bolsa en el agua, la enrollo debajo de mi brazo y vuelvo a caminar los catorce pasos hasta la salida. En el camino me lo cruzo al Flaco que ya se acerca con la segunda de las bolsas…Tirala con cuidado…Las chicas están terminando de descargar en un proceso lento que les lleva mucho trabajo, pero falta cada vez menos…Siete y terminamos…Repetimos lo mismo varias veces y todavía nadie parece advertir nuestra presencia. A pesar del frío, los dos transpiramos como si estuviésemos trabajando al rayo del sol y cada vez que me cruzo con el flaco lo oigo respirar con mucha dificultad. Las chicas ya descargaron todo y ahora fuman apoyadas sobre el capot de la camioneta mirando para todos lados. La transpiración hace que el arma en mi cintura se empiece a resbalar y tengo miedo de que se me caiga. Con mi mano libre la acomodo y vuelvo a sentirme seguro.

Termino de tirar la última de las bolsas y de repente una especie de euforia se apodera de mí. Por primera vez en la noche me sonrío y mientras vuelvo a la camioneta le hago un gesto con la mano a Brenda para que vaya encendiendo el motor. Creo que no me entiende. No importa. Ya está. La callecita cruza de Lugones a Figueroa Alcorta, así que sólo debemos arrancar y salir a la avenida con dirección a lo de Ludi, donde pensamos refugiarnos unos días. Todo el operativo duró sólo veinte minutos. Me acerco a la camioneta y el Flaco me abraza mientras Brenda me toca el culo…Terminamos!! vamos rápido!...Ludi me pregunta si cerré la puerta al salir y le contesto que no. Brenda y yo subimos a la camioneta mientras Ludi vuelve para cerrar la puerta de modo que no levante sospechas a la mañana. El Flaco la espera parado afuera con la puerta trasera abierta.  Enciendo el motor.

…Qué están haciendo ahí!!!...Del lado interno de la planta se asoma un tipo con una linterna y algo que parece ser un arma en la otra mano. Ludi se acerca caminando rápido hacia nosotros cuando siento un tiro que retumba en el interior de la cabina e inmediatamente después otro que viene desde afuera. Veo al Flaco con el arma en la mano y deduzco que él fue el que disparó primero. Desde mi posición sólo consigo ver su cara de terror y no sé bien qué es lo que está pasando y no veo a Ludi por ningún lado.

Mientras recupero el aliento apoyando mi brazo sobre la camioneta, miro el culito carnoso de Ludi irse hacia el portón en medio del silencio total de la noche. Cierra la puerta con cuidado y se vuelve hacia mí con una sonrisa enorme en la cara. Ya casi podemos irnos. Escucho como Palito enciende el motor e inmediatamente veo que detrás de las rejas sale un tipo nos ilumina con una linterna y nos grita. Casi sin pensar saco mi arma de la cintura, y apuntando hacia un lugar indefinido, disparo. El tipo responde el tiro y veo a Ludi caer al piso. Brenda desde adentro me grita algo que ya no escucho y corro a auxiliar a Ludi que ahora intenta arrastrarse. La levanto con una fuerza inusitada y la meto en el interior de la camioneta. Palito nos saca arando y a las pocas cuadras baja la velocidad para no levantar sospechas. Ludi está recostada contra mi  pecho y todavía no sé cuán grave es su herida. 


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