Entramos a Buenos Aires después de casi un mes de ausencia.
Todo parece distinto desde adentro de una camioneta cargada. Nos distraemos escuchando la radio, pero la calma no termina de
asentarse en ningún momento. Ya estamos sobre la avenida Lugones, una de las
cuatro calles circundantes de la planta potabilizadora
General San Martín. Son las cuatro de la mañana y sólo circulan autos cargados
de pendejos que van y vienen de fiestas privadas porque las discotecas están
cerradas por la veda electoral. Brenda se come las uñas desde el lugar del
acompañante, y en la parte de atrás Ludi y yo nos abrazamos para calmar un miedo
que no se va. Nos aproximamos a la planta y Palito se tira a la derecha y va
bajando la velocidad para no pasarse de la callecita lateral que nos dará
acceso a la vieja usina, a la puerta
abandonada, y finalmente al piletón del agua potable. Apagamos las luces de la
camionera, doblamos lentamente, y nos detenemos al lado de la usina. Durante
unos minutos nos quedamos en silencio para ver si alguien se acerca del lado
interno de la reja. Brenda y Ludi se quedan en el auto, y mientras Palito va
bajando las primeras bolsas, yo me acerco al portón con una gran tenaza en la
mano. El corazón me palpita tan fuerte que siento que la sangre ensordece mis
oídos. Miro para todos lados y no veo a nadie, así que apoyo la punta de la tenaza
sobre el candado que mantiene cerrada la vieja puerta. Lo corto en un sólo
golpe seco. La dejo lo suficiente abierta como para que pase una persona y me acerco
nuevamente al auto.
El Flaco tira la tenaza en el asiento de atrás y yo me monto
una bolsa sobre el hombro y me meto adentro de la Planta. Uno , dos, tres, seis,
ocho, once, catorce pasos y ya estoy parado frente al último de los piletones.
Parece que no hay nadie, tal vez sea porque le dieron franco a algunos de los
empleados de seguridad por las elecciones. No sé. Con mucho cuidado de no hacer ruido vierto el
contenido de la bolsa en el agua, la enrollo debajo de mi brazo y vuelvo a
caminar los catorce pasos hasta la salida. En el camino me lo cruzo al Flaco
que ya se acerca con la segunda de las bolsas…Tirala con cuidado…Las chicas están
terminando de descargar en un proceso lento que les lleva mucho trabajo, pero
falta cada vez menos…Siete y terminamos…Repetimos lo mismo varias veces y
todavía nadie parece advertir nuestra presencia. A pesar del frío, los dos
transpiramos como si estuviésemos trabajando al rayo del sol y cada vez que me
cruzo con el flaco lo oigo respirar con mucha dificultad. Las chicas ya
descargaron todo y ahora fuman apoyadas sobre el capot de la camioneta mirando
para todos lados. La transpiración hace que el arma en mi cintura se empiece a
resbalar y tengo miedo de que se me caiga. Con mi mano libre la acomodo y
vuelvo a sentirme seguro.
Termino de tirar la última de las bolsas y de repente una
especie de euforia se apodera de mí. Por primera vez en la noche me sonrío y
mientras vuelvo a la camioneta le hago un gesto con la mano a Brenda para que vaya
encendiendo el motor. Creo que no me entiende. No importa. Ya está. La
callecita cruza de Lugones a Figueroa Alcorta, así que sólo debemos arrancar y
salir a la avenida con dirección a lo de Ludi, donde pensamos refugiarnos unos
días. Todo el operativo duró sólo veinte minutos. Me acerco a la camioneta y el
Flaco me abraza mientras Brenda me toca el culo…Terminamos!! vamos rápido!...Ludi
me pregunta si cerré la puerta al salir y le contesto que no. Brenda y yo
subimos a la camioneta mientras Ludi vuelve para cerrar la puerta de modo que no levante sospechas a la mañana. El Flaco la espera parado afuera con la puerta trasera
abierta. Enciendo el motor.
…Qué están haciendo ahí!!!...Del lado interno de la planta
se asoma un tipo con una linterna y algo que parece ser un arma en la otra
mano. Ludi se acerca caminando rápido hacia nosotros cuando siento un tiro que
retumba en el interior de la cabina e inmediatamente después otro que viene
desde afuera. Veo al Flaco con el arma en la mano y deduzco que él fue el que
disparó primero. Desde mi posición sólo consigo ver su cara de terror y no sé
bien qué es lo que está pasando y no veo a Ludi por ningún lado.
Mientras recupero el aliento apoyando mi brazo sobre la
camioneta, miro el culito carnoso de Ludi irse hacia el portón en medio del
silencio total de la noche. Cierra la puerta con cuidado y se vuelve hacia mí con
una sonrisa enorme en la cara. Ya casi podemos irnos. Escucho como Palito
enciende el motor e inmediatamente veo que detrás de las rejas sale un tipo nos
ilumina con una linterna y nos grita. Casi sin pensar saco mi arma de la
cintura, y apuntando hacia un lugar indefinido, disparo. El tipo responde el tiro y veo
a Ludi caer al piso. Brenda desde adentro me grita algo que ya no escucho y
corro a auxiliar a Ludi que ahora intenta arrastrarse. La levanto con una
fuerza inusitada y la meto en el interior de la camioneta. Palito nos saca
arando y a las pocas cuadras baja la velocidad para no levantar sospechas. Ludi
está recostada contra mi pecho y todavía
no sé cuán grave es su herida.

0 agregan:
Publicar un comentario en la entrada