Esta misma tarde, después de casi un mes de trabajo, terminé
de fabricar los ciento ochenta kilos de droga. Está todo distribuido en nueve bolsas de
plástico de veinte kilos. Cada una tiene una delgada capa de arena al final de
modo tal que si nos para la policía no se vea a simple vista el color verdoso
del MDMA. La destilación no fue tan compleja porque la casita que usamos de
laboratorio era un viejo tambo lechero, así que aprovechamos unos tachos
metálicos gigantescos, que si bien hacen menos puro el trabajo, sirvieron de
maravilla para fabricar esta cantidad industrial. Faltan dos días para el
operativo y Palito ya está viviendo con nosotros desde hace más de una semana.
Seguimos discutiendo la necesidad o no de usar armas y decidimos que ellos lleven
revólveres y nosotras no, ya que los chicos son los que van a descargar las bolsas
directamente en el agua y pueden estar más expuestos a que los descubran. La
ilusión del FAL libertario va ocupar el lugar que le corresponde, lo vamos a
enterrar en algún área alejada del campo.
La agresividad inicial de Palito, su estúpido juego celoso y
fálico, se fue ablandando a medida que transcurrieron los días juntos. El Flaco
y él caminan por el parque todas las tardes fumándose un porro, hablando y
hablando, como le gusta a los tipos. Cada tanto se puede escuchar el rebote de
una risa contra los árboles o algún insulto en tono gracioso. Con Brenda nos sentamos a tomar mate en la galería
y los miramos y especulamos sobre los temas de sus largas charlas. A veces nos
parece que hablan de nosotras, de sexo, de las cosas que nos quieren o nos van
a hacer a la noche. Otras, parece que hablan de política porque sus movimientos
se intensifican y se llenan de una catarata interminable de ademanes y gestos
de rechazo o aprobación. Nosotras
chupamos termo tras termo y hablamos más o menos de las mismas cosas, supongo. Durante
el día nos dividimos las tareas de la casa, practicamos un rato de tiro, y cada
tanto salimos en grupos de dos a buscar víveres al pueblo con la camioneta. Por las noches, después de calentar bien la
casa, comemos liviano y nos vamos a acostar todos juntos a la
imponente cama que armamos con varios colchones y muchos almohadones en el
centro del living. Estamos bastante nerviosos porque ya casi llega la fecha de
la operación, y cada noche juntos es el mejor antídoto para nuestra ansiedad. El
sexo es uno de los pilares de nuestra pequeña comunidad neohippie, y más allá
de lo sórdido que pueda resultar para alguien que lo vea desde afuera, la
relación con el Flaco es cada día más profunda y sólida.
Cuando nos acostamos los cuatro
juntos no puedo sacarme de la cabeza la idea de que mientras jadeamos con los
ojos desorbitados, mientras el Flaco penetra a Brenda desde atrás, mientras
Palito se masturba viéndolos y yo desde cierta distancia siento que el olor de
sus cuerpos se va mezclando adentro del mío, hay en funcionamiento una
infinidad de procesos totalmente naturales que de algún modo se potencian y
crecen a partir de ese intercambio. Todo
el tiempo estamos sometidos a la imperceptible voluntad del azar químico que
mantiene unidas las cosas, que las mezcla con un sentido inteligible, y que
finalmente, las transforma en abono de nuevos destinos. Nos guste o no, somos un conjunto de elementos químicos. Miles de millones de cositas diminutas que son en definitiva la base de la existencia de todas las cosas. Miles de millones de reacciones y relaciones entre elementos que se unen de un modo casi caótico, pero que a la vez funcionan con un orden perfecto. Natural. Hidrógeno, oxígeno, carbono, nitrógeno, calcio, fósforo, cloro y potasio. Eso es un humano. Ni más ni menos que eso. Átomos unidos por razones ajenas a casi cualquiera de los que habitamos este planeta.
En este preciso instante, mientras Palito me chupa la concha
con una delicadeza dignas de un cirujano, se están produciendo tantas reacciones
en mi cuerpo que ni la más compleja computadora podría procesar. La completa
entrega sexual es uno de los pocos momentos en los que logramos escaparnos de
nuestra mente casi por completo, y es allí cuando estamos más cerca de la nuestra inevitable verdad orgánica. Pensar para existir es una de las grandes mentiras de
las que somos víctimas. Hay mucha más verdad en mis manos apretando la cara de
Palito contra mis genitales que en toda la literatura del mundo. Acabo, pego un
grito, escucho la risita cálida de Brenda y del Flaco que en una última
envestida también acaban juntos. Palito se levanta de entre mis piernas con las
orejas coloradas y los ojos perdidos y me llena de semen el pubis. Por un
segundo el orgasmo rompe el circuito de nuestra ignorancia. Mente cuerpo
pensamiento sentimiento. Nada. Sólo un orgasmo colectivo. Sólo el fin de la
excitación de neurotransmisores que ahora se serenan nuevamente y liberan su
deliciosa toxicidad.
El amor es una fibra que se extiende entre dos o más
personas y que tiene por función acercarnos a lo real. Cuando cojemos o
simplemente nos abrazamos, la revolución química es tan intensa que nos permite
silenciar nuestros cerebros y actuar más naturalmente, más cerca de la carne y
de los huesos. Más cerca de nuestros elementos. Por eso yo quiero drogar a toda
mi ciudad. Para ver si de una vez por todas, aunque sea por un día, podemos
olvidarnos de los pensamientos, de las ideas, de las dicotomías, de los egos, y
disfrutar de nuestra propia existencia. No me importa si ganamos o perdemos las
elecciones. Esto ya va más allá del sentido político del atentado. Quiero ver
cuánto estamos dispuestos a ceder, cuánto de lo que creemos ser se pierde al acercarnos a lo real. No sé. No importa! Ya
falta muy poco para saberlo y para mí es un orgullo ser parte de esta locura.

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