viernes 26 de agosto de 2011

21- EL MICROSCOPIO DEL AMORRRR: Tabla Periódica de los elementos


Esta misma tarde, después de casi un mes de trabajo, terminé de fabricar los ciento ochenta kilos de droga.  Está todo distribuido en nueve bolsas de plástico de veinte kilos. Cada una tiene una delgada capa de arena al final de modo tal que si nos para la policía no se vea a simple vista el color verdoso del MDMA. La destilación no fue tan compleja porque la casita que usamos de laboratorio era un viejo tambo lechero, así que aprovechamos unos tachos metálicos gigantescos, que si bien hacen menos puro el trabajo, sirvieron de maravilla para fabricar esta cantidad industrial. Faltan dos días para el operativo y Palito ya está viviendo con nosotros desde hace más de una semana. Seguimos discutiendo la necesidad o no de usar armas y decidimos que ellos lleven revólveres y nosotras no, ya que los chicos son los que van a descargar las bolsas directamente en el agua y pueden estar más expuestos a que los descubran. La ilusión del FAL libertario va ocupar el lugar que le corresponde, lo vamos a enterrar en algún área alejada del campo.

La agresividad inicial de Palito, su estúpido juego celoso y fálico, se fue ablandando a medida que transcurrieron los días juntos. El Flaco y él caminan por el parque todas las tardes fumándose un porro, hablando y hablando, como le gusta a los tipos. Cada tanto se puede escuchar el rebote de una risa contra los árboles o algún insulto en tono gracioso. Con Brenda nos sentamos a tomar mate en la galería y los miramos y especulamos sobre los temas de sus largas charlas. A veces nos parece que hablan de nosotras, de sexo, de las cosas que nos quieren o nos van a hacer a la noche. Otras, parece que hablan de política porque sus movimientos se intensifican y se llenan de una catarata interminable de ademanes y gestos de rechazo o aprobación.  Nosotras chupamos termo tras termo y hablamos más o menos de las mismas cosas, supongo. Durante el día nos dividimos las tareas de la casa, practicamos un rato de tiro, y cada tanto salimos en grupos de dos a buscar víveres al pueblo con la camioneta.  Por las noches, después de calentar bien la casa, comemos liviano y nos vamos a acostar todos juntos a la imponente cama que armamos con varios colchones y muchos almohadones en el centro del living. Estamos bastante nerviosos porque ya casi llega la fecha de la operación, y cada noche juntos es el mejor antídoto para nuestra ansiedad. El sexo es uno de los pilares de nuestra pequeña comunidad neohippie, y más allá de lo sórdido que pueda resultar para alguien que lo vea desde afuera, la relación con el Flaco es cada día más profunda y sólida.

Cuando nos acostamos los cuatro juntos no puedo sacarme de la cabeza la idea de que mientras jadeamos con los ojos desorbitados, mientras el Flaco penetra a Brenda desde atrás, mientras Palito se masturba viéndolos y yo desde cierta distancia siento que el olor de sus cuerpos se va mezclando adentro del mío, hay en funcionamiento una infinidad de procesos totalmente naturales que de algún modo se potencian y crecen a partir de ese intercambio.  Todo el tiempo estamos sometidos a la imperceptible voluntad del azar químico que mantiene unidas las cosas, que las mezcla con un sentido inteligible, y que finalmente, las transforma en abono de nuevos destinos. Nos guste o no, somos un conjunto de elementos químicos. Miles de millones de cositas diminutas que son en definitiva la base de la existencia de todas las cosas. Miles de millones de reacciones y relaciones entre elementos que se unen de un modo casi caótico, pero que a la vez funcionan con un orden perfecto. Natural. Hidrógeno, oxígeno, carbono, nitrógeno, calcio, fósforo, cloro y potasio. Eso es un humano. Ni más ni menos que eso. Átomos unidos por razones ajenas a casi cualquiera de los que habitamos este planeta. 

En este preciso instante, mientras Palito me chupa la concha con una delicadeza dignas de un cirujano, se están produciendo tantas reacciones en mi cuerpo que ni la más compleja computadora podría procesar. La completa entrega sexual es uno de los pocos momentos en los que logramos escaparnos de nuestra mente casi por completo, y es allí cuando estamos más cerca de la nuestra inevitable verdad orgánica. Pensar para existir es una de las grandes mentiras de las que somos víctimas. Hay mucha más verdad en mis manos apretando la cara de Palito contra mis genitales que en toda la literatura del mundo. Acabo, pego un grito, escucho la risita cálida de Brenda y del Flaco que en una última envestida también acaban juntos. Palito se levanta de entre mis piernas con las orejas coloradas y los ojos perdidos y me llena de semen el pubis. Por un segundo el orgasmo rompe el circuito de nuestra ignorancia. Mente cuerpo pensamiento sentimiento. Nada. Sólo un orgasmo colectivo. Sólo el fin de la excitación de neurotransmisores que ahora se serenan nuevamente y liberan su deliciosa toxicidad.

El amor es una fibra que se extiende entre dos o más personas y que tiene por función acercarnos a lo real. Cuando cojemos o simplemente nos abrazamos, la revolución química es tan intensa que nos permite silenciar nuestros cerebros y actuar más naturalmente, más cerca de la carne y de los huesos. Más cerca de nuestros elementos. Por eso yo quiero drogar a toda mi ciudad. Para ver si de una vez por todas, aunque sea por un día, podemos olvidarnos de los pensamientos, de las ideas, de las dicotomías, de los egos, y disfrutar de nuestra propia existencia. No me importa si ganamos o perdemos las elecciones. Esto ya va más allá del sentido político del atentado. Quiero ver cuánto estamos dispuestos a ceder, cuánto de lo que creemos ser se pierde al acercarnos a lo real. No sé. No importa! Ya falta muy poco para saberlo y para mí es un orgullo ser parte de esta locura.


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