miércoles 22 de junio de 2011

16- EL MICROSCOPIO DEL AMORRRR: Ludipatía

Ella. Él. Ellos. Yo. Vos. Nosotros. Ella de nuevo. Ella, la otra. Él, el tercero, el otro, el de al lado. La que te calienta los huevos o la argolla desde una pantalla. Ella de nuevo. Ahora. Ella. Mi ella. Ludi. Y los otros. No sé qué es lo que debería dolerme de verla acostarse con otras personas. Realmente no lo sé, pero me hiere. Me muevo por todos los escenarios posibles en mi cabeza y no llego a entender cuál es exactamente el punto de estar obligados a poseer otros cuerpos más allá de los nuestros, de los cuales tampoco estoy seguro de que seamos dueños. No sé todavía por qué el amor y la posesión están tan unidos. Pienso en el deseo, en los psicoanalistas, en los cantores, en los que escriben textos, y nada me conforma y nada calma mi angustia. El amor nunca abunda, giro mentalmente nuevamente. Es tan escaso que parece casi milagroso…Vale más un kilo de amor que una tonelada y media de acciones…dice aquel viejo poeta posmoderno…Y si, tal vez las razones de su valor no estén en la poesía o en la psicología, sino más bien en la economía.  Producir amor es una empresa tan ineficiente, que su producto nunca puede ser accesible para todos constantemente. Y no. No. Sé que las respuestas están en otro lado. Pero para llegar a ellas tengo que desprenderme de esta lógica que me apresa. Tengo que extirparme ese cacho de carne en donde la razón debe tener su lugar exacto en mi cuerpo.

A pesar de que hace años que combato a mi mente, que intento matar a las palabras evitando verme afectado por sus engañosas propuestas, no siempre lo logro. En verdad, casi nunca consigo depurarme de letritas, de razones, de estructuras. El bajón de pasti después de una fiesta como la de ayer es suave en apariencia, pero en realidad me sensibiliza tanto que casi no puedo controlar la tristeza de saber que el lazo que nos une a todos, no es tan sólido como quisiera, no puede tocarse ni con los dioses ni con otras ideas secas. Entiendo perfectamente la contradicción y la incomodidad de desmerecer constantemente a las palabras como herramientas, y en simultáneo estar escribiendo sobre eso. Y no importa si todo el universo es sentido, si toda afirmación es palabra, si todo gesto es lenguaje. No importa, porque no creo que la locura siempre sea una cárcel. Locura no siempre es falta de razón, y cuando falta, no siempre es locura. Ya estoy harto de intentar transmitir lo que siento cuando piso el terreno vacío de lo inefable. Estoy harto, pero lo necesito para mostrarle a ella cuán profundo es mi amor, con la precisión de un microscopio, de una poesía…

Tiene que existir una palabra para decir que te acaricio el pelo y desaparezco. Decir, no sé, algo tan preciso como metilendioxibenzaldehido, para describir el momento cuando fumando cigarrillos, tapados con una manta, mirando por la ventana de tu casa, y la ciudad, mi pija, tu calor, las cosas que pensamos, nuestras historias, la baranda del balcón oxidado del vecino, el té en el estómago, el vapor de la droga que ya sale de nuestros poros y se hace humo o respiración o ambiente. Poder comunicar el momento donde todo se congela, atraparlo entre barrotes, atarlo de manos y piernas, y sacarlo a pasear por el mundo como un fenómeno de circo. Regalarte una cajita con una palabra sólida como ese momento, una palabra que sea un Aleph del amor, de la comunicación perfecta. Una palabra que se evapore como un virus e infecte tu ADN con el mío, con el tiempo, con el aire de tu casa y el de la calle y la forma de las ventanas que vemos y el efecto óptico de la luz en nuestras retinas. Quiero la palabra que contenga adentro y afuera, antes y después, la zona fronteriza entre el sentimiento y el pensamiento.

Lamentablemente, siempre aparece el tiempo en el lenguaje, el origen etimológico, el uso antiguo, el desuso, la regla que evoca la historia de las reglas, la historia de los hombres, de sus palabras, de sus ideas anteriores que se fueron acumulando hasta nuestros días. Las cosas, los sentimientos, resultan imposibles de congelar. Lamentablemente, todo lo dicho es mentira de algún modo, es impreciso y sumiso. Y este amor, al ser dicho, se da por vencido frente al destino triste de las palabras, se sube a la cinta transportadora del tiempo y cae al vacío.  

Por eso, cuando te digo que en vos están todas las mujeres, que me enamoré loca y estúpidamente como si todos los amores que ostento en mi currículum no hubiesen sucedido, como si fueses miles de millones de mujeres condensadas en un segundo. Cuando te digo que quiero todas tus risas, todas tus angustias, todos tus miedos, que quiero que me mimes, que cuides mi corazón, que me toques, que me hables, que me aconsejes, que seas mi compañera, compañera! Cuando te digo que te quiero hasta el esqueleto del alma, hasta los colores infinitos de tu imagen tiñéndome los ojos, hasta las lágrimas que deforman esa luz que me nubla la vista. Por eso, cuando te digo todo esto, en realidad te miento. Con sólo decirlo, te miento a vos, a mí y al que lee, aunque te juro que lo hago sin mala intención. Lo hago porque necesito hacerlo. No sé bien por qué. Vos dirías…No importa!




FIN DEL PRIMER CAPÍTULO



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