Estamos
todos sentados jugando a las cartas, conversando de mujeres, de baseball, de football,
o tal vez junto a algún compañero de color discutiendo sobre basketball. Suena
la alarma a todo volumen y todos sueltan lo que tienen en la mano, cortan
repentinamente lo que están haciendo, y salen corriendo al sector de
vestuarios. Tengo puesto el enterito, arremangado en la parte de arriba, y sólo
me queda ponerme las botas, el camperón y el casco, y ya estoy listo para
salir. Me tiro por el caño, siento cómo mis botas golpean el piso, y en
segundos ya estamos todos montados en nuestro camión, con la sirena
perforándonos los oídos, surcando las calles de la gran manzana a toda
velocidad. Como siempre, el corazón me palpita a toda máquina, y trato de no
pensar, de olvidarme de los riesgos de nuestra profesión, mirando a las bellas
mujeres que a nuestro paso se van dando vuelta. En la parte delantera vamos
sentados John Stagliano, Pierre Woodman, Ron Jeremy y yo. Son las ocho y
cincuenta y un minutos del martes once de septiembre de dos mil uno. Dicen que
al parecer una avioneta chocó en la torre norte del World Trade Center. A
primera vista, debe ser algo grande porque nos acompañan muchas “escaleras”
más; aunque nunca se sabe porque estos ricachones siempre exageran. “Tienen
miedo que se les prendan fuego los billetes”, dice Ron.
Llegamos al
lugar y sólo hay unas pocas dotaciones de bomberos, así que al
parecer vamos a tener mucho trabajo esta mañana. Pierre y yo miramos hacia
arriba con las manos en jarra y no podemos evitar decir al unísono “esto no
puede haber sido una avioneta”. El espectáculo es espeluznante. La torre tiene
un agujero que abarca varios pisos del cual sale una columna de humo negro
profundo, lo que nos indica que en el interior del edificio se continúa
desarrollando un incendio. El primer paso es ayudar a los compañeros a terminar
de acordonar el perímetro porque la lluvia de cristales es incesante y es muy
probable, dado su tamaño, que alguien pueda resultar herido de gravedad. Justo
cuando estoy sacando la cinta amarilla con la inscripción FDNY de mi caja de
herramientas, escucho un fuerte rugido a mis espaldas y a una multitud de gente
gritando desesperada: “Nou! Nou! Nou!”. Me atraviesa una sombra que nubla el
cielo. Mis compañeros gritan. Yo me agarro
el caso con una mano, y en cuanto levanto la mirada veo un avión enorme
penetrando la otra torre.
En principio el sonido es muy parecido al de un choque
de autos: un golpe, el arrastre de las estructuras, el chirrido de los hierros
que se doblan, los vidrios que estallan. Inmediatamente después, una bola de
fuego surge desde un agujero que ya es visible en la fachada. Al segundo, una
explosión gorda y redonda como el fuego precedente. Llueve un chaparrón de
vidrios, de muebles, de papeles y de miles de cosas indefinibles que golpean el
piso, y la gente – bomberos, trabajadores, ejecutivos, guardias de seguridad, personal
de limpieza, un hippie que toca el saxo a la salida del metro – corre desesperada
a guarecerse. Cuando siento el primer golpe seco, el primer temblor, me acuerdo
de mi padre pegándome en las nalgas con el taco de sus zapato – “si no hay
dolor no hay aprendizaje” - allá en la vieja y querida casa de mi infancia en Wisconsin,
allá en la América
profunda. Vuelvo a sentirlo una vez más, ahora más cerca, y otra vez,
ahora más lejos. No se si verdaderamente no alcanzo a ver lo que está
pasando, o si no puedo creer lo que veo.
Recién cuando encuentro a John agarrándose la cabeza con la mirada
clavada en la mancha de carne molida, ropas y huesos saliendo hacia fuera como
picos, tomo conciencia de que en la mezcla se cosas, también llueven personas.
-
Nos están atacando, John.
-
Si. Esto es obra de terroristas.
Un grito furioso se va acercando hasta convertirse en
una figura, en una cara concreta que se podría dibujar en un identikit. Al
golpear el suelo de granito del WTC, el cuerpo se deshace como si fuese de Play
Doh y se funde contra el suelo. Durante un breve lapso, la masa continúa
emitiendo sonido.
-
Nos están atacando, John.
-
¡Vamos a buscarlos hasta el último
rincón oscuro del mundo!
-
¡Yeah!
-
¡Vamos a cazarlos y a arrancarles a
sus hijos de las manos!
-
¡Yeah!
-
¡Vamos a torturarlos, desangrarlos y
después incendiar sus casas, sus ciudades, sus países y hasta todos sus
recuerdos!
-
¡Yeah!
-
¡América vencerá!
- ¡América vencerá!
- ¡América vencerá!
- ¡América vencerá!
- ¡América vencerá!




